Por estas razones los médicos prefieren morir sin tratamientos

Debido a que pasan años practicando la medicina, los médicos aprenden los verdaderos límites de esta, así como también aprenden mejor la necesidad de prepararse para la muerte.

Un profesor llamado Ken Murray escribió un artículo en donde explicaba bajo su propia experiencia y la de algunos de sus seres queridos, sobre las ideas y conceptos que rodean la aceptación de la muerte.

Aunque para ellos tampoco es fácil aceptar la muerte si tienen una idea más clara sobre los métodos que hay para “salvar vidas” y sus límites, así es como lo ve el profesor Murray.

Hace tiempo a un ortopedista y mentor mío llamado Charlie, le dieron una terrible noticia, le diagnosticaron cáncer de páncreas y el médico que se lo diagnosticó era un cirujano prestigioso que había desarrollado un método para aumentar su esperanza de vida a 5 años, pero con una mala calidad de vida.

Charlie tenía 68 años de edad y no le interesó el tratamiento. Al día siguiente de ser diagnosticado cerró su consultorio y no regresó más nunca al hospital. Se dedicó a pasar tiempo de calidad con su familia y varios meses después falleció tranquilamente en su casa.

Esto es algo de lo que no nos gusta hablar, pero los médicos también mueren, pero estos reciben pocos tratamientos comparados con el resto de la gente. Ellos saben lo que sucederá y aunque tienen acceso a cualquier tipo de atención médica ellos prefieren morir con serenidad y tranquilidad.

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Nadie quiere morir, obviamente los médicos tampoco, pero casi todos han hablado con sus familiares sobre los límites de la medicina moderna, así se aseguran de que cuando llegue el momento no tomen medidas heroicas para mantenerlo con vida. Están claros por ejemplo, en que no quieren que les rompan las costillas con una reanimación cardiopulmonar.

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En el 2003 se publicó un artículo en donde Joseph J. Gallo y otros hicieron una encuesta a 765 médicos, el 64% de los encuestados había creado una lista especificando qué medidas deben y no deben ser tomadas para salvarles la vida en caso de sufrir alguna incapacidad grave. Medidas que tan solo el 20% de la población en general tomaría.

¿Por qué será tan grande la diferencia entre las decisiones de los médicos y la de sus pacientes? Con el RCP nos podemos hacer una idea de por qué. El caso de la RCP es bastante instructivo. Un estudio realizado por Susan Diem y otros sobre cómo se muestra en TV  la RCP, se encontró que resulta ser un éxito en el 75% de los casos y que el 67% de los pacientes regresa a casa. En realidad, en un estudio de 2010 en el que se analizaron más de 95.000 casos de RCP, se concluyó que tan solo el 8% de los pacientes sobrevivieron más de un mes. De estos, solo el 3% podría llevar una vida normal.

A diferencia de otras épocas, en las que el médico procedía según lo que a él le parecía lo mejor, el sistema actual se basa en l elección de los pacientes. Los médicos tratan en la medida de lo posible en cumplir los deseos de sus pacientes, pero cuando les preguntan ¿qué haría usted? La mayoría evitan dar una respuesta.

 Como resultado de esto son cada vez más las personas que reciben cuidados inútiles y costosos para “sobrevivir”,  y menos personas mueren tranquilamente en sus casas como se hacía antiguamente.

La profesora de enfermería Karen Kehl, habla sobre que debes reunir para gozar de una muerte agraciada, como puede ser: Estar a gusto, tener absoluto control, reconocer la inminencia de la muerte y estar rodeado de tus familiares, entre otras cosas.

Hoy en día los hospitales ofrecen algunas de estas cosas,  hay directrices escritas que pueden dar a los pacientes más control sobre como terminar sus vidas. Pero aunque la mayoría de nosotros acepta que no se puede evitar pagar impuestos, La muerte es algo más difícil de digerir y eso nos impide tomar decisiones correctas.

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Pero no tiene por qué ser así. Hace varios años, a los 60, mi primo mayor Torch tuvo una convulsión. Resultó ser la consecuencia de un cáncer de pulmón que se había ido extendiendo a su cerebro. Aprendimos que con un tratamiento agresivo, incluyendo de tres a cinco visitas semanales al hospital con la quimioterapia, viviría unos cuatro meses.

Torch no era médico, pero sabía que quería una vida de calidad, no solo de cantidad. En última instancia decidió que no seguiría el tratamiento, limitándose a tomar pastillas para el hinchazón de cerebro. Se vino a vivir conmigo.

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Pasamos los próximos ocho meses divirtiéndonos juntos, como no lo habíamos hecho en décadas. Fuimos a Disneyland, su primera vez, y pasamos largos ratos en casa viendo deportes (era un fanático) y comiendo lo que más le gustaba. No tuvo dolores graves y permaneció fuerte de espíritu.

Un día, no se despertó. Durante los siguientes tres días entró en una especie de sueño similar al coma y murió. El costo de su atención médica durante los ocho meses, solo para el medicamento que tomaba, fue de unos 20 $.

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En cuanto a mí, mi médico tiene mis elecciones en mi historia clínica. Fueron fáciles de hacer, ya que son las mismas que para la mayoría de los médicos. No habrá heroicidades, y voy a seguir dócilmente en esa misma línea, al igual que mi mentor Charlie y mi primo Torch. Al igual que muchos de mis colegas médicos.

Si te gustó este artículo por favor compártelo para que tus amigos y familiares sepan tomar las decisiones correctas.

 

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